Los derechos
laborales y sindicales sufrieron vulneración y deterioro a partir de los años
90 con recortes, eliminaciones, y despidos masivos representaron una enorme
deuda con la justicia, el sinceramiento y fortalecimiento de la democracia. Punto
de inflexión fue el 05 de abril con el golpe o autogolpe de Estado.
La flexibilización y
desregulación laboral, impuesta al Perú, de la ola neoliberal, en su versión
más extrema, hubiera sido otra, con la pervivencia del régimen democrático,
como ocurrió en otros países. Y de la necesaria alianza con el movimiento
político. Con estrategias compartidas para combatir y corregir inequidades e
injusticias que se generan en las democracias.
Como tropelías y
desafueros, perpetrados a los gremios marítimos al ser disueltos y dejar a la
deriva a miles de trabajadores. La federación que los organizaba se propuso
revertir la situación, pero ya en cancha del autoritarismo amarrado a poderosos
grupos económicos. Los otros sectores portuarios que eran, asimismo, parte sustantiva
de la resistencia laboral y democrática, poder forjado en sus movilizaciones,
huelgas sectoriales, nacionales e internacionales, la dictadura no pudo
reducirlos, pero los congeló en sus avances.
Es en esa línea sentí
perder no sólo la libertad sino dignidad a la vida tras mi confinamiento en el
BAP AGUIRRE, ese 5 de abril, en mi condición de sindicalista aprista. Y lo que
percibí con parecido propósito, las otras detenciones.
En cuestión de días
los golpistas lograban el alineamiento de medios y de otros poderes fácticos
para controlar la situación. Lo que había costado a generaciones las conquistas
sociales, políticas, culturales...
Los sindicalistas no
estábamos preparados a defender la democracia con otras estrategias diferentes
a las tradicionales de la protesta, para aplicar la fuerza de la unión de la
clase trabajadora. Ni de librarnos, asimismo, de ese cortejo que viene de
democracias sin energía ni compromiso social. La historia enseña los
autoritarismos bloquean y debilitan capacidades de convocatoria y organización
laboral al movimiento sindical.
Desde mediados de los
años 80 que promoví en mi gremio una sincera renovación, no tuve cargo sindical
efectivo. Y quedé, por ello, sin responsabilidad de propuesta, de efectiva
acción y por tanto, de seguir los acuerdos y estrategias de lucha de las
organizaciones. Así como seguir las directivas partidarias.
Nuestra
responsabilidad quedó precisada en representar a los trabajadores y los
portuarios en el Parlamento.
Un significado, a los
sindicalistas, de ese 5 de Abril, es que en todo tiempo de la política, seamos
proactivos, enérgicos, y radicales, en defender la democracia de los golpes de
Estado, de la demagogia, de la improvisación, de la ineptitud… la democracia,
permite avanzar en derechos laborales, sociales, políticos y una vida contra la
opresión autoritaria y la explotación humana a los trabajadores y ciudadanos.
Luis Negreiros Criado

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